No me bastaba el silencio ni esa sensación de ausencia.
No me alcanzaba la soledad, ni los espacios vacíos.
Te tenía tan presente, tan dentro de mí.
Costaba respirar, como si tuviese una costilla rota, pinchando contra el pulmón, recordándome el dolor.
Sabía que sería difícil sacarte de mi mente, apartarte de mi visión natural, alejarte de mi rutina.
Estabas siempre ahí, en un costado, esperando que sin querer mi mirada te cruce.
No lo tolero más, esta situación de querer besarte y no poder, de tener bajo control cualquier mueca que pueda malinterpretar todo aquel que nos mira.
Por respeto a vos y a mí misma, me separo de todo el amor que empecé a sentir nuevamente.
Me separo de las sonrisas, de las ganas, de las sospechas.
Me alejo de los mensajes, de las cruzadas de miradas, de mi propia intención de quererte.
Me siento un tanto vacía, me acerco al abismo de mi misma, ese que presenta sombras en las esquinas, al abismo donde llorar por las noches se vuelve algo normal, algo que no llama la atención.
Por eso mismo será, que mi inconsciente te trae hacía mi cada vez que puede.
Te sueño hace unos días, besándote, teniéndote cerca.
Sueño, a veces, con tan solo un abrazo, que me llena el alma, esa que se siente incompleta desde que no te ve en los alrededores.
No estas siendo la solución ni la enfermedad, solo sos aquello que me hace bien cuando mi día no puede empeorar.
No sos la cura, no sos el tratamiento ni el argumento para todo este comportamiento.
Pero Te quiero...
